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Mensaje por Kanda Nadeshiko el Sáb Mar 14, 2009 8:08 pm

Ohayo mina-sama!! ^^ Aquí os traigo mi primer fic! Espero lo disfriten mucho y me deje comentarios xD

Bueno la historia se basa en la feudal de japón, el personaje principal soy yo xD y las personas de mi entorno serna parte del fic! ^^ este fic fue petición de onii-chan Zero.. y gracias a Hino Matsuri-sama se convirtio en un fic de vampiros xD

En fin.. lean onegai!! ^o^

POR CIERTO la razón por la que está partida en dos post es pora la sencilla razón que en uno no alcanzaba u.u


 UNMEI 


Capítulo 1.- Destino. Soledades se cruzan.

Una impotente luna llena se imponía en el raso cielo que cubría el inmenso bosque de frondosa vegetación, donde los árboles se erguían a ambos lados de un camino creado por el pasar del tiempo, incluso parecía que toda la vegetación del bosque se hacia a un costado para dejar pasar a un grupo de personas que viajaban con presura.

La pequeña multitud se apresuraba en cruzar el bosque, pues era de noche y no era un lugar ciertamente agradable a esas horas, el silencio se mantenía constante sólo siendo interrumpido en contadas ocasiones por uno que otro aullido aterrador. Pero aquel escalofriante ambiente no asustaba a los viajeros, en cambio, los ayudaba a mantenerse alerta por si algo pretendiese atacarlos.

Estos llevaban las típicas ropas de sirvientes, y cargaban sobre sus hombros un mikoshi que parecía ser su mayor tesoro, cosa que no era para menos: estaban transportando a la hija más importante de la noble casa de los Kuchiki, que dicho sea de paso era una de los cuatro clanes que gobernaban el país junto al Shogun.

La dama dentro del mikoshi, era una muchacha extrañamente solitaria pero si se sabía tratarla podía llegar a ser dulce y agradable, virtud por la cual muchos de sus criados la apreciaban, pero también le temían con fervor, pues su destino estaba marcado con horror ya que era una maldición nacer con una gemela, y eso era lo que había sucedido en su caso. Aunque ella afirmara lo contrario, en su corazón sabía que era cierto, no podía ser normal que fuese tan perfecta en todo lo que hacia, incluso su belleza era tal que parecía endemoniada. Se decía que siempre una de las gemelas iba a estar maldita, y que eso se demostraría con el tiempo, por ello los Kuchiki en esos casos tan peculiares, criaban a ambas personas, pero no revelaban el hecho de que hubieran gemelas, por lo cual, al nacer, decidían a cual educar… y a cual esconder del resto del mundo; pero al parecer, esta vez habrían errado… habían escogido a la gemela maldita.

El paso con el que andaban los criados disminuyó cuando por fin salieron del bosque, ahora los ánimos estaban más tranquilos, pero no relajados, en una colina más habrían llegado a su destino, y no podían retrasarse. Así que, luego de darse rápidamente un respiro, volvieron a marchar con la misma velocidad.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+


Era un castillo inmenso, de un puro color blanco a excepción de los tejados oscuros, tenía varias torres gigantescas como desafiando a la naturaleza, pero era de esperarse de la residencia del shogun, después de todo era el gobernante del país, aunque aquello sorpresivamente no asombraba a la doncella, sólo le hacia recordar su hogar.

Algunas casas se mantenían en pie alrededor del castillo, como una pequeña ciudad, pero a esas horas de la noche, era normal que fuera silencioso, seguro que en horas tempranas debía ser muy ruidosa y alegre.

Cuando llegaron a la entrada del castillo, una de las dos mujeres que acompañaban al grupo se acercó cautelosamente a una rendija que había al costado de la inmensa puerta de madera, sacando de su ligero kimono azul lo que parecía ser una placa, para luego enseñar la misma a un guardia, este se apresuró a desaparecer y en menos de unos minutos, el colosal portón se abría con un chirriante y seco sonido.

Una vez dentro, un gran número de criados se apresuraron a hacer fila a su alrededor en una respetuosa reverencia, mientras el que parecía ser el jefe se acercaba a ellos con sumisión.

- Sean bienvenidos a la humilde casa del shogun, ya hemos informado de vuestra llegada a nuestro amo, en unos momentos podréis reunirnos con él – habló con mucha claridad el hombre dirigiendo siempre su mirada al suelo en señal de sumo respeto.

- Zumimazen, demo… en esta ocasión se va presentar nuestra hime-sama, nos disculpamos por el inconveniente que causemos – le respondió la otra mujer mientras también inclinaba la cabeza, pero en señal de disculpa, estaban consientes que aquello provocaría revuelo, pues para cada nuevo año, por respeto y demostración de buenas relaciones diplomáticas, era lógico que cada cabeza de familia viniera a felicitar al shogun, no obstante, el jefe del clan Kuchiki no estaba allí.

- Ah souka, no se preocupe, lo arreglaremos de inmediato – repuso el hombre de inmediato, pero esta vez, en su tono de voz se pudo notar una mota de sarcasmo, pensaba este talvez, qué la familia Kuchiki había sido muy atrevida al no enviar a sus cabezas.

Pero en realidad aquellos asuntos parecían poco importarle a la presente Kuchiki allí, las únicas razones por las que había accedido a la petición de sus padres en asistir a aquel lugar, eran que tenía la férrea esperanza de encontrarse con alguien en el camino, y también, por los rumores que había escuchado acerca del hijo más joven del shogun.

- Hime-sama, hemos llegado – irrumpió la extremadamente respetuosa voz de la mujer en kimono azul, está parecía hablarle a alguien dentro del mikoshi, la cual le respondió casi de inmediato.

- Hai, arigatou godaimas. Onegai abrid - habló de pronto una dócil voz de dama que parecía acaramelar el ambiente a su alrededor a cada palabra que pronunciaba, aquella melodía provenía del interior del mikoshi, dándole un aire de misterio a la escena.

- ¡Hai Hime-sama! – exclamó la mujer con firmeza, para luego apresurarse en levantar la riel de madera que funcionaba como una pared del mikoshi, dejando que la luz de las velas entrara en el lugar, para luego inmediatamente hacer una reverencia, quedándose en esa posición mirando fijamente el suelo de dura madera.

Muchos de los sirvientes del shogun se habían quedado embobados al escuchar la tierna voz de la damisela, deducían en su infinita imaginación cual sería la apariencia de la dama, y a más lo idolatraran, más ansiosos estaban de comprobarlo en la realidad.

Y no se equivocaron…

La luz de las lámparas y velas alumbraron a una esplendorosa figura, una esbelta doncella de espectacular cabello negro azulado, tan largo que varios mechones estaban esparcidos en el suelo del mikoshi cubierto de alfombra, un flequillo perfectamente alineado que terminaba sobre sus rasgadas orbes orientales violáceo pálido, un rostro de finas líneas, tez blanca y una piel tan estilizada que parecía porcelana, pero a la vez tersa como una mullida almohada. La dama cubría sus grandes proporciones y delgada figura con un ostentoso kimono de selecta seda en un color blanco adornado con hilos y cintas que combinaban divinamente. Tenía una porte recta y su rostro expresaba candidez e ingenuidad; se levantó y bajó del mikoshi con mucho cuidado de no lastimarse, siendo resguardada por sus dos fieles criadas que la habían acompañado desde su hogar hasta allí.

Su sedoso cabello se extendió hasta casi llegar a sus rodillas cuando estuvo totalmente erguida, y con andar parsimonioso se adentró en el castillo, seguida inmediatamente por ambas mujeres.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+


Las jóvenes criadas de la princesa Kuchiki reían alegremente dentro de una inmensa habitación al puro estilo japonés, las puertas corredizas estaban abiertas, dejando ver el bello jardín de exquisito gusto oriental. Ambas mujeres se divertían hablando sobre sus idilios amorosos, mientras arreglaban la lujosa habitación de su moza ama.

- Are… Yamiko-sama se demora demasiado, me pregunto si alguno de los príncipes la estaría haciendo demorar – osó proponer la sirvienta más vivaz mientras una sonrisa pícara se asomaba por su rostro.

- ¡Imposible! ¡Imposible! HAHAHA – replicó en medio de sonoras carcajadas la otra mujer al mismo tiempo que agitaba su mano en señal de negación – ¡Sabes que siempre huye de los hombres! – volvió a decir para partirse en risas de nuevo, imaginándose a la dichosa princesa en versión chibi siendo asediada por varios hombres y esta tratando de escabullirse con desesperación de ellos.

Pero como invocada por el rey demonio, la ya nombrada doncella se encontraba de pie en el umbral que separaba el pasillo de la habitación, su rostro normalmente con una dulce sonrisa en labios, esta vez se mostraba terriblemente tenso, como si hubiera acabado de regresar de una batalla campal.

Ambas mujeres se quedaron de piedra al ver a su ama con aquella peculiar expresión en el rostro, esa era una de las ocasiones en las que realmente temían por sus vidas; pero la divina providencia parecía estar de su lado en esa ocasión. Sin previo aviso, la dama se desplomó en el suelo con un sonido seco, esparciendo el ostentoso kimono y su extenso cabello sedoso por el pesado piso de madera.

- ¡Yamiko-sama! – chillaron las criadas aterradas para rápidamente ir a socorrerla – ¿Está bien, Yamiko-sama? ¿Qué sucedió? ¡Yamiko-sama! – seguían chillando las mujeres a coro mientras trataban de reanimar a su ama a base de sacudirla.

- Di… Diplomacia… - susurró la dama con un hilo de voz, como si ese fuese su último aliento y estuviera pronunciando el nombre de lo que la asesinó. Los ojos de la chica eran, a diferencia de lo usual, dos pequeños remolinos que daban vuelta en forma monótona, dando la clara impresión de que estaba muy mareada por todo lo que había estado aguantando.

Ambas sirvientas rieron por lo bajo y se apresuraron a atenderla, la colocaron dentro del futón y luego de asegurarse de que todas las velas estuvieran apagadas y su ama cómoda, se retiraron sin antes deslizar las puertas de modo que taparan la habitación dejando la recámara sumida en la oscuridad.

“De nuevo sola…” recapacitó la princesa con resignación mientras daba un suspiro y cerraba sus ojos tratando de dormir, pero aunque era muy entrada la noche y estaba cansada, por alguna razón no lograba conciliar el sueño. Se daba la vuelta dentro de su futón una y otra vez tratando de acomodarse, pero no lo lograba mentalmente, a más trataba de dormir, más recordaba todo lo que había escuchado decir a sus espaldas los otros nobles.

“Después de todo, no debería haber venido… ojalá todos desaparecieran” pensó con firmeza al mismo tiempo que cerraba sus ojos con fuerza en su último intento por dormir, pero otra vez esas voces la atormentaron.

En un arranque momentáneo de ira que no se expresó en su rostro, se levantó con brusquedad para luego ir en dirección a la puerta, y con mucha precaución de no ser escuchada, deslizó la madera para salir al pasillo silenciosamente. Ya afuera respiró con tranquilidad, dejando que el limpio aire entrara en sus pulmones calmándola interiormente.

Sonrió para sus adentros mientras fijaba sus orbes violáceas en todas partes con complicidad, tratando de encontrar a alguien que pudiera verla, después de asegurarse de que no había nadie, se encaminó por el pasillo escondiendo sus manos dentro de las mangas del ostentoso kimono y llevándolo a la altura de su fina barbilla. Una buena caminata le ayudaría a despejar su mente, además su innata curiosidad que a veces podía llegar a ser infantil, le llevaba a querer recorrer todo lugar a donde iba.

Anduvo distraída por mucho rato, pensando en muchas cosas diferentes, como la decepción que había sufrido al enterarse de que el hijo más joven del shogun era despreciado por su padre, por lo cual no lo dejaba aparecer en público, aquello sólo le recordó a su gemela encerrada en su casa, aunque al menos de él se sabía su existencia, suspiró con desilusión, pues había escuchado que aquel joven era una especie de genio y se moría por comprobar que tanto era cierto de aquello, pero probablemente no se lo encontraría, así que había desistido de ello, y en su lugar sólo esperaba que en su camino de regreso pudiese hallar una pista que la llevara al paradero de su hermana menor perdida, de lo contrario todo ese viaje habría sido sólo una perdida de tiempo.

Entonces fue cuando sintió que ya estaba lo suficientemente tranquila como para dormir en paz, despertó de su ensimismo sólo para chocarse con una dura realidad… no recordaba cómo regresar a su habitación. Su rostro se puso pálido de inmediato, se había descuidado bastante al caminar despreocupadamente por una casa gigantesca que no conocía, talvez se habría orientado si tan solo se hubiera fijado por donde iba, pero ya era muy tarde para eso, y aunque lo hubiera echo, su sentido de orientación era tal… que se perdía hasta en su propio castillo.

Y mientras se proponía mil formas de regresar a su recámara con una “gotita” tamaño XL sobre su cabeza, sus ojos de un suave color violáceo se fijaron repentinamente en el jardín oriental, había encontrado algo muy hermoso que le traía muchos recuerdos.

Un minúsculo lago de no más que unos treinta metros cautivó las resplandecientes orbes de la doncella, el estanque estaba delineado por piedras grises de curiosamente el mismo tamaño y su agua cristalina reflejaba casi a la perfección el rostro de la dama cuando esta se hubo acercado al lugar; mirando con curiosidad sobre la cantera sonrió dulcemente para sí misma recordando unos alegres pero lejanos episodios de su vida: ella y su hermana menor jugueteando y riendo afablemente juntas al lado del parecido estanque que había en su hogar. Pero aquellos momentos estaban tan distantes ahora, su tierna sonrisa se desvaneció rápidamente al darse cuenta que ello era solamente parte del pasado, y rememorarlo sólo le causaría más daño.

“Estoy sola después de todo” pensó con claridad mientras un desganado suspiro se desprendía de ella.

Entonces algo captó velozmente sus sentidos, dirigió su mirada disimuladamente hacia un punto en concreto, había sentido pasar una extraña sombra por entre las plantas, la misma que había desaparecido ante sus ojos rápidamente, pero había logrado observar por donde se dirigía. Su curiosidad nata le rogaba a gritos que descubriera que era aquello, y aunque sabía que no debía, algo más fuerte que ella le obligó a seguir sus instintos de indagación.

Levantó sus manos tapadas aún bajo las mangas del ostentoso kimono, poniéndolas a la altura de su boca tapando la misma, entonces, con toda la cautela posible que pudo lograr, se acercó al lugar donde había desaparecido aquella sombra misteriosa.


Última edición por Kanda Nadeshiko el Sáb Mar 14, 2009 8:11 pm, editado 1 vez
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Re: ... Unmei ...

Mensaje por Kanda Nadeshiko el Sáb Mar 14, 2009 8:09 pm

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+


Atrás de las plantas que conformaban el jardín del castillo, dos personas hablaban con cautela, parecían discutir algo importante.
Aún bajo la oscuridad de la noche, los rayos de la luna dejaron vislumbrar parcialmente a ambos personajes, y a pesar de que la doncella estaba oculta entre arbustos, pudo fijarse medianamente en las características generales de aquellas personas: uno de ellos tenía particularmente el cabello de un color blanco puro y unos ojos de color rojo sangre, llevaba puesto un kimono negro parecido al de los samuráis pero más lujoso, el otro en cambio, llevaba el típico uniforme de los guardias del shogun.

- Entonces, ¿tienes todo preparado cómo te dije? - exclamaba el joven de ojos carmesí con algo de entusiasmo en el tono de voz, al parecer era importante para él, y lo que fuera que había pedido, en contraste el hombre con el que hablaba no parecía nada emocionado pues respondió con algo de miedo.

- Pues, lo que quiere hacer esta mal Zero-sama, y me temo que su padre…- respondió el hombre tartamudeando y sin levantar el rostro mientras sus manos temblaban de miedo.

- Dime que te pasa, pareciera que hubieras hecho algo fuera de mis planes - pronunciaba el peliblanco muy extrañado y un tanto impaciente - Sólo dime, ¿hiciste lo qué te pedí? – preguntaba con más insistencia, parecía estar empezando a perder la paciencia, demostrando con ello ser un hombre con poder.

“¿Un noble?” empezó a razonar la dama tratando de atar cabos para descubrir la identidad del hombre, pero a más información procesaba su cerebro, más confundida se sentía; si era tan importante como para tratar así a los guardias del shogun, ¿por qué no lo había visto en la reunión de horas antes? “A menos que él sea…” entonces se dio cuenta, no podía haber otra razón.

Una discreta sonrisa se reflejó en el fino rostro de la princesa, la primera causa de su llegada se había realizado, aunque de alguna manera, le extrañaba su apariencia, pero entonces, algo mayor captó su atención inevitablemente.

- Mis más sinceras disculpas - replicó el guardia al mismo tiempo que sus ropas empezaban a teñirse de un color rojo casi igual al de los ojos del príncipe. Una horrible cara de terror se reflejó en el rostro del primero justo antes de desplomarse, su frío cuerpo impactó contra el suelo del jardín en un seco golpe, bañando en sangre esa parte del suelo.

- Uchiha Zero, tramar derrocar al Shogun es un crimen con pena de muerte, afortunadamente para tí eres uno de sus hijos y no podemos matarte, pero si podemos hacerte sufrir el infierno en vida – exclamaron con firmeza unos hombres con ropajes ninja, única característica que se pudo distinguir dado a que se escondían, al igual que ella, en las sombras de los arbustos.

Esos hombres se acercaron silenciosamente hacía el que parecía llamarse Zero, para luego de estar a una distancia prudente, desenvainar unas espadas de raro diseño.

“¿Uchiha?, demo… el apellido del Shogun es Yamato” se extrañó en sus pensamientos, totalmente patidifusa y ante el asombro de que parecía se iba a desarrollar una batalla allí, dio un paso para atrás moviendo las ramas un poco y terminando de cara al lago, dejando de observar a aquellos hombres, pero quedándose allí para poder escucharlos.

- Tenían que ser los guardias secretos… hoy no es mi día – habló con pereza la voz de Zero sin parecer sorprenderse de la presencia de dichos atacantes. “Ciertamente es muy mal día para tener una luna tan hermosa hoy, primero estos payasos y claro sin olvidar al invitado especial” pensaba para sí mismo el hombre, pues como habría predicho esta, ya se había percatado de la presencia de la princesa, justo después de la aparición de los guardias.

- Espero que estés listo para recibir tu castigo - proferían los agresores en tono firme y con una sonrisa descarada dibujada en el rostro, para luego empezar el ataque dividiéndose en cuatro grupos y tratar de golpearlo por diferentes puntos ciegos.

- La apuesta de siempre ¿no?, si gano se quedan callados - decía Zero con aburrimiento e indiferencia, al parecer no era su primer encuentro con dichos hombres, desenvainó una katana que parecía haber estado sujetada al cinturón de su kimono y de un ágil movimiento bloqueó a los guardias para luego sacarlos de equilibrio; con una segunda espada golpearlos nuevamente mientras estaban desprevenidos.

La lucha duro bastante, y la damisela no encontraba momento para alejarse del lugar, su curiosidad era más grande que su sentido común, además, si realmente aquel joven era el hijo genio del shogun, terminaría con facilidad con aquellos guardias. Se quedó esperando allí hasta que acabó la pelea, y para cuando eso ocurrió ya habían pasado dos horas.

- Deberías dejar de tramar planes contra tu honorable padre - hablaba uno de los guardias con arrogancia, este parecía ser el jefe y no tenía indicios que notificaran que hubiese participado en el combate, al parecer ya estaban planificando su retirada.

- Si realmente quieres proteger a ese maldito anciano, deberías encarcelarme o matarme en lugar de darme sermones, al menos pelea contra mí en lugar de enviar a estos inútiles - exclamaba Zero en un tono desafiante y visiblemente cabreado mientras se alejaba del lugar en dirección al lago, al parecer no era su primer combate contra esos guardias, pero lo impresionante del caso era que parecía tener cierta amistad con el líder de ellos, eso se deducía por el tono casi amistoso con el que dialogaban, pero luego de una larga charla entre ellos, estos se retiraron y el peliblanco se hizo presente en el lado donde se encontraba la princesa, este se dirigió con paso firme hasta la orilla del estanque, donde su figura y aspecto podían verse mejor gracias a la presencia más fuerte de la luz de la luna.

Al contrario de unas horas antes, el lujoso kimono negro del chico se encontraba hecho jirones, lo que comprobaba que después de todo no le había sido tan sencillo vencer a esos hombres.

Otra vez una sonrisa dulce y natural se reflejó en el rostro de la dama, si él era el dichoso genio hijo más joven el shogun, no era para nada como se lo había imaginado, al contrario, era bastante apuesto y poco educado. Y al parecer trataba de curar su superficiales heridas con la cristalina agua del pequeño lago; aún bajo la sombra de los arbustos que ocultaban su figura, talvez su risa divertida pudo haberse notado.

- Cuánto tiempo planeas quedarte hay – exclamó de pronto Zero en un tono frío y doloroso mientras situaba sus fieros orbes rojos en la doncella situada en las sombras.




Jojo...esperen con ansias el proximo capi xD

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Re: ... Unmei ...

Mensaje por Miracle el Sáb Mar 14, 2009 9:56 pm

yo kiero leer el otro!!!
apresúrate y ponlo.. no me dejes con ganas...
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